Un autor
El gran periodista Ryszard Kapuscinski ha fallecido
Sin duda alguna el periodismo independiente sufre una gran pérdida con el fallecimiento a los 74 años del gran reportero polaco Ryszard Kapuscinski. Había nacido en Pinsk, hoy, ciudad de Bielorrusia, en 1932 y con una maleta al hombro y un cuaderno inició el desafío de viajar a los lugares más remotos del mundo a cubrir el horror de las múltiples y absurdas guerra que asolan el planeta. Cubrió 27 revoluciones, estuvo en 12 frentes de guerra y casi muere en cuatro ocasiones cuando fue condenado a morir fusilado. Sus reportajes, de gran calidad literaria, aparecieron en Time, The New York Times y Frankfurter Allgemeine Zeitung. Aparte de gran reportero, fue un gran maestro de jóvenes periodistas de todo el mundo que lo oyeron con fervor en diferentes talleres. Una de ellas, la colombiana Juanita León de la revista Semana recuerda: “De él aprendí tal vez tres lecciones claves: la importancia de leer mucho para cada historia, saber todo lo que se ha escrito al respecto, leer literatura, eso me pareció clave; la importancia de la memoria y de estar en los sitios para registrar los detalles, el ambiente, las caras, la arquitectura; y por último, que fue lo que más me servirá para la vida, es la importancia de manejar dos talleres: uno diario, donde uno produce para el medio en el que trabaja, y otro personal, donde uno hace cosas en mayor profundidad y con mayor trascendencia. Esto último le dio una nueva perspectiva a mi trabajo” (cfs. www.saladeprensa.org).
Entre su veintena de libros destacan El emperador (sobre la caída del dictador etíope Haile Selassie) La guerra del fútbol y otros personajes, El imperio, Ébano y Los cínicos no sirven para este oficio.
En una reflexión sobre su estilo de trabajo en 2001, Kapuscinski dijo: “Para mí es fundamental que un reportero esté entre la gente sobre la cual va, quiere o piensa escribir. La mayoría de la gente en el mundo vive en muy duras y terribles condiciones y si no las compartimos no tenemos derecho, según mi moral y mi filosofía, a escribir. En ese último libro que va a salir en español, que salió hace dos años en Polonia, escribí sobre mis experiencias de cuando llegué a una aldea en África, en un país llamado Senegal. En esa aldea no había luz eléctrica, pero se podía comprar una pequeña linterna china que costaba un dólar, pero nadie allí tiene un dólar. Entonces, no había televisión, ni Internet, ni esas tecnologías. Cuando llegaba la noche, la gente se juntaba desde las siete a contar sus historias, y era ese el momento más literario, más bello, más fantástico del día. Era toda una poesía. Por supuesto había que entender el idioma y todo lo que pasaba durante la noche. A las 10 u 11 de la noche a dormir y esto, para un reportero, ya era una experiencia realmente dura, porque era en casitas pequeñas de adobe y piso de pura tierra donde se acomoda toda la familia. Y toda la familia significa muchas personas. La noche era muy caliente y era imposible dormir con la invasión de mosquitos y sin poderse moverse hasta que aparecía el sol a las 6 de la mañana. Era una experiencia bastante difícil, pero si no compartía con esta gente no vería de otra manera la vida de África. Si pasaba la noche en el Hilton o en el Sheraton no era consciente al escribir sobre sus vidas. Lo mismo pasa en las guerras. La profesión de reportero requiere, para poder escribir, que este tipo de experiencias se sientan en la propia piel”.