Un autor
La maestría narrativa del escritor turco Orhan Pamuk finalmente ha sido reconocida a nivel mundial gracias al Premio Nobel de Literatura, que se le entregará en diciembre en Estocolmo. Pamuk, un escritor de 54 años (si nos atenemos a las fotos, parece que tuviera 40), vive regularmente en su país, pero también en Estados Unidos y Alemania donde es profesor visitante en varias universidades.
Si bien varios medios llamaron la atención sobre Pamuk a raíz de su denuncia del asesinato de un millón de armenios por parte del gobierno turco, el escritor ya había ganado desde finales de los años 90 un sitio de honor académico dentro de los grandes novelistas candidatos al Nóbel.
Pamuk ha sido enfático en señalar que su obra no pretende ser una crítica al islamismo radical. Más que políticas (que también lo son) las novelas de Pamuk tocan los grandes temas de los novelistas de finales del siglo XX: el descentramiento existencial, la enorme soledad en ciudades cosmopolitas, la brutal desigualdad social, la búsqueda del amor. En una entrevista a la escritora española Rosa Montero ha señalado que “la manera en que escribo mis novelas, es siempre buscando lo que hay en lo más profundo del ser humano e intentando sacar eso a la superficie, para demostrar que todos somos iguales unos a otros. Sí, es verdad, pertenecemos a comunidades diferentes y a veces enfrentadas, la comunidad de la mezquita o del partido político que sea, pero más allá de eso todos somos muy semejantes. Y para poder sacar esa esencia común a la superficie, hay que escribir más allá de las ideas comunitarias, hay que escribir libre de ellas, desde el sentido básico y universal de lo humano. Y hacer esto no es muy común”.
Como sugerencia para los libreros (y de estos para sus clientes) recomendamos entrar al universo Pamuk leyendo primero la magnífica novela “Me llamo rojo” (se puede leer gratuitamente el primer capítulo en http://www.alfaguara.santillana.es/upload/primeraspaginas/8420466182.pdf) que bajo la excusa de retratar al excéntrico sultán Murad III, devela el entramado cultural y religioso de esa gran ciudad que estuvo a punto de ser la nueva Roma, Estambul.
Obras
Todas son novelas, salvo la última, que es una mezcla de autobiografía en clave y un ensayo sobre Estambul.
- 1982 - Cevdet Bey ve Oğulları (Cevdet Bey y sus hijos). Inédita en español.
- 1983 - Sessiz Ev. Traducción al español: La casa del silencio (Metáfora Ediciones, 2001).
- 1985 - Beyaz Kale. Traducción al español: El astrólogo y el sultán (Edhasa, 1994).
- 1990 - Kara Kitap. Traducción al español: El libro negro (Alfaguara, 2001)
- 1995 - Yeni Hayat. Traducción al español: La vida nueva (Alfaguara, 2002)
- 1998 - Benim Adım Kırmızı . Traducción al español: Me llamo Rojo (Alfaguara, 2003)
- 2001 - Kar. Traducción al español: Nieve (Alfaguara, 2005).
- 2005 - İstanbul: Hatıralar ve Şehir. Traducción al español: Estambul: Memorias y la ciudad (Mondadori, 2006).
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Carlos Monsiváis, premio Juan Rulfo 2006
Una voz coral se ha unido para celebrar al ganador del Premio Juan Rulfo 2006, el gran cronista y ensayista mexicano Carlos Monsiváis. Autor de más de 15 libros, Monsiváis de 68 años sigue pleno en su labor creativa, viajando de un lado a otro del mundo hablando de su pasión absoluta: América Latina y su cultura. La crítica literaria Esperanza López Parada ha dicho sobre su obra: “Digna heredera del barroco novohispano que se pierde en la sabrosura compuesta del mole y del albur, sus referencias se diversifican hasta el desorden más animado y Monsiváis no se para en barras: escribe sobre lucha libre, fotografía y culebrones, danzón, bolero y reinas de la belleza, ídolos populares, criminales enrejados, caricaturas, cómics, rarezas para descomponer el retrato y hacer de la crónica una variante de la casuística. Probablemente le habría gustado redactar aquel apartado de sucesos de los viejos periódicos: el encarcelamiento de la Trevi, la justicia enmascarada de El Santo, los milagros del niño Fidencio son para Monsiváis materiales tan representativos como Chiapas, el ejército zapatista, Octavio Paz o el movimiento estudiantil del 68”.
El coordinador del Boletín de la Red Latinoamericana de Librerías ha escrito en homenaje de Monsiváis la siguiente reseña de su libro “Los rituales del caos” (1995). Luego aparece una bibliografía de Monsiváis que creemos es de utilidad para los libreros.
Carlos Monsiváis y Los rituales del caos
Por CARLOS SÁNCHEZ LOZANO (csanchez@cerlalc.org)
La investigación empírica de la cultura popular (que incluye lo folk, lo pop y las culturas suburbanas marginales) no ha suscitado interés particular dentro de la sociología latinoamericana. En su defecto ha sido sustituida por alguna semiótica aventurerista o en casos más acientíficos por un neocostumbrismo literario (asociado generalmente al periodismo de la high class), fascinado por exaltar la vulgaridad. En el peor de los casos lo popular fue, prácticamente, desconocido o sencillamente sirvió de instrumento de purga cuando se necesitó asociarlo con algún tema de la sociología tradicional. Si exceptuamos los casos académicos de Beatriz Sarlo, Néstor García Canclini, Antonio Candido y de los colombianos Jesús Martín Barbero y Ómar Rincón que han tratado sistemáticamente el tema, hallaremos un notorio vacío interpretativo, bastante cercano al desprecio.
En esta medida se puede valorar el trabajo de Carlos Monsiváis. Aunque no es sociólogo profesional, sus aportes son fundamentales para construir una sociología de lo popular. Curioseador, se podría decir de su oficio, pero mejor sería calificarlo como un gran observador de costumbres, tal como lo fueron el Voltaire del Cándido (1759) o Alexis de Tocqueville en El antiguo régimen y la revolución (1856). Acudiendo a fuentes diversas y hasta excluyentes en apariencia (Benjamin, Eco, Barthes, Löewenthal, pero también los cómics, la poesía oral, los magazines televisivos, la música popular) Monsiváis nos ha dado elementos de interpretación de fenómenos que siempre observamos de reojo o con desdén historicista.
En Los rituales del caos (1995), bajo su lente temas aparentemente frívolos como la vida de los cantantes Gloria Trevi o Luis Miguel, un simposio de vendedores de cosméticos en Cuernavaca, las vicisitudes de un horoscopista o la mitología que ha creado El Santo (aquel héroe de nuestra niñez), nos revelan un México moderno singularmente desconocido, antagónico, babelesco según la denominación de Juan Villoro. Los enfrentamientos entre el Distrito Federal y las provincias pobres, el total caos de la educación pública y privada, las astucias del mercado ferozmente competitivo —de hienas, por decirlo mejor—, la disyunción entre autoridad formal y anarquía social, y hasta el pánico originado por el crecimiento demográfico que masifica y desidealiza todo, forman un tejido argumental globalizante que le permiten a Monsiváis explorar la vida popular más allá de los clisés despreciativos y de la crítica somnolienta, y darnos una idea de que el mundo no es tan escindido como parece, y que debajo de este tramado hay una mano que lo une todo en medio de una risa esquizofrénica: Locura, Mercado, Poder, Políticos, Dios (¿acaso el PRI o el Tratado de Libre Comercio?), como se llame.
En este sentido aquí lo popular debe entenderse como lo masificado. No hablamos de hombres y mujeres capaces de crítica, autorreconocimiento y discernimiento personal. En estas crónicas de Monsiváis pareciera percibirse que los procesos de individuación y la consolidación de la identidad personal hubieran cedido ante la presión de una mano enajenante que ha posibilitado el surgimiento de seres que no hablan por sí mismos, sino que repiten como ecos los prejuicios manipulados de los mass media (disfrazados de "opinión pública") y ocultan su espantosa confusión hundiéndose en la "masificación planificada" (Adorno).
Esto es el apocalipsis, según Monsiváis. Pero no es un apocalipsis teológico, sino comercial, el caos donde todo es posible de adquirir y todo es inalcanzable. Incluso la pérdida de un fin y la confusión son notoriamente rentables. Celebramos, entonces, uno de los epígrafes del libro, la frase del economista norteamericano John Kenneth Galbraith: "Lo único que puede decirse del caos es que es bueno para la libre empresa". De este modo el apocalipsis no aparece como un hecho próximo, sino como una realidad asentada entre nosotros hace rato. No es un apocalipsis purificador y al contrario lo contemplamos como un huésped incómodo, pero difícilmente ocultable. El "aura del mundo" (según la hermosa expresión de Walter Benjamin) hace tiempo que fue aplastada por los ciclos de la producción y el consumo masivos.
Resulta fuera de lugar en este caso —desde luego— hablar de inocencia o gozo estético. ¿Quién lo haría al contemplar el metro del Distrito Federal transportando seis millones de personas al día o soportando un trancón de carros a las seis de la tarde? Entonces comprendemos que el apocalipsis de Monsiváis está determinado por el ciclón demógrafico: "En el terreno visual, la Ciudad de México es, sobre todo, la demasiada gente... es la multitud que rodea a la multitud, la manera en que cada persona, así no lo sepa o no lo admita, se precave y atrinchera en el mínimo sitio que la ciudad le concede". Mucha gente, tanta —desesperada o silenciosa—, por todo lado gente que no sabe para dónde va, pero que va, porque no tienen ningún lugar distinto a dónde ir. Ciudad México pareciera, entonces, ser la antesala del infierno.
Sin embargo, es poco probable que la gente reconozca sentirse enajenada o fracasada (la tasa de suicidios en el Distrito Federal es notoriamente inferior a la de la gente que no se mata o se mata a plazos), pues algo los une: la "religión del éxito". En la magnífica crónica que lleva el mismo nombre, Monsiváis retoma los discursos ligth de la autosuperación personal (de Carnegie a Norman Vincent Peale, pasando por Og Mandino) y crea el "Monólogo del arquetipo" del hombre-que-no-se-deja-joder-por-la-vida: "¿Sabes qué? Uno tiene que meterle ganas a la vida para no dejarse, para no quedarse atrás. Que se atrasen los otros, los pendejos. A mí que me den un chancecito y me pongan donde hay, no más pido eso. Yo por eso estudio el inglés, el idioma del presente y del porvenir, de veras, cross my heart, me voy unos meses a los esteits, aprendo algo de computación, regreso, acabo mi carrera de licenciado en turismo, un cuate mío me da trabajo en su hotel, le pongo ganas, me fijo en todo, ando siempre presentable... ¡y ya ésta!, véngase las oportunidades con su rey".
A fuerza de sobrevivirla, hallamos que la modernidad está aquí y que resulta inútil eludirla. Monsiváis apenas nos ha revelado una de sus facetas aplicada a México: la ideología de lo popular. Un gran maestro y una gran lección se hallan en este libro. Nuevamente el periodismo se adelantó a lo que le tocaba decir a la sociología.
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Bibliografía de Carlos Monsiváis
Antología de la poesía mexicana del siglo XX
México, Empresas Editoriales, 1966.
Carlos Monsiváis
Empresas Editoriales, México, 1966, Col. Nuevos
escritores mexicanos presentados por sí mismos.
Principados y potestades
México, Imprenta Madero, 1968.
Días de guardar
México, Era, 1970.
Robert Lowell
México, UNAM, 1970.
Amor perdido
México, Era, 1976.
En torno a la cultura nacional en Historia General de México
México. El Colegio de México, 1976.
A ustedes les consta. Antología de la crónica en México
México, Era, 1978.
La poesía mexicana del siglo XX. Antología
México, Promexa, 1979.
Nuevo catecismo para indios remisos
México, Siglo XXI, 1982
Celia Montalván (Te brindas, voluptuosa e impudente)
México, Martha Casillas, SEP, 1982.
De qué se ríe el licenciado. Una crónica de los 40
México, Delegación Venustiano Carranza, 1984.
Poesía mexicana II. 1915-1985. Antología
México. Promexa, 1985.
Lo fugitivo permanece. Antología del cuento mexicano
México, Aero México, 1985.
Conferencias
México, UAM, 1985.
Jorge Cuesta
México, CREA, 1986.
María Izquierdo
México, Banca Cremi, 1986
Luis García Guerrero
México, Promexa, 1987.
Escenas de pudor y liviandad
México, Grijalbo, 1988.
Entrada libre. Crónica de la sociedad que se organiza
México, Era, 1988.
José Chávez Morado
México, Banco Internacional, 1989.
El género epistolar. Un homenaje a Manera de carta abierta
México Servicio Postal Mexicano, SCT, 1991.
Por mi madre, bohemios. Ilustrado por El Fisgón
México, La Jornada, 1993.
Rostros del cine mexicano
México, Vips, 1993.
Los mil y un velorios
México, Alianza Editorial-CONACULTA, 1994, Col. Alianza Cien.
Luneta y galería (Atmósferas de la capital 1920-1959)
México, Departamento del Distrito Federal, 1994.
A través del espejo (El cine mexicano y su público)
México, Ediciones el Milagro, 1994.
Los rituales del caos
México, Procuraduría Federal del Consumidor, 1995.
Nuevo catecismo para indios remisos. Láminas de Francisco Toledo
México, Era, 1996.
México postcard. tr. and introduced by John Kraniauskas
New York, Verso, 1997.
Días de guardar
Barcelona, Anagrama, 2000
No sin nosotros
México, Era, 2005