No hay una crisis de la lectura, sino una crisis del lector

La Presidenta de la Asociación Colombiana de Lectura y Escritura, Asolectura, Silvia Castrillón, opina acerca de la influencia de la negociación de libre comercio entre Colombia y Estados Unidos en la actualidad lectora del país.
Ella representa una entidad que reúne a nivel nacional personas naturales y jurídicas independientes, principalmente maestros y bibliotecarios comprometidos con la promoción y el desarrollo de la lectura y la escritura. Por ser una instancia de participación de la sociedad civil, organizada para trabajar por el derecho a la inclusión a la cultura escrita de todos los ciudadanos, es un mecanismo para el impulso de políticas públicas y proyectos sobre el tema, de vigilancia sobre su cumplimiento y sobre la inversión pública para bibliotecas y escuelas, y otras instancias que forman lectores y escritores y garantizan el acceso a la cultura escrita.

Edna Gutiérrez: ¿ Considera usted que el TLC, entre Colombia y Estados Unidos, tendrá efectos en la lectura y la escritura del país?
Silvia Castrillón: A partir de la información que tengo, no podría deducir cómo se va a afectar la práctica de la lectura en Colombia. No sabemos qué consecuencias puede traer el TLC, adicionales a las que ya se han ocasionado con la introducción de materiales impresos que provienen de Norteamérica y que circulan desde hace mucho en Colombia, pues el país siempre ha tenido abiertas sus fronteras a estos productos. Me refiero a los cómics y una paraliteratura que se asemeja a la televisión por sus personajes, sus estructuras narrativas, su presentación en series y porque, en últimas, son producto de la industria del entretenimiento.
Cada vez más el libro se está volviendo una mercancía, despojado de su valor cultural, y un producto perecedero. Es posible que el TLC vaya a acentuar estas condiciones y contribuya a que los editores se vean obligados a calcular en los costos de los libros el de los que deben destruir, “picar”, en su argot, como ya ocurre en España. Cada vez se hace más difícil conseguir libros publicados hace diez o veinte años, libros importantísimos para la promoción de la lectura. Colecciones enteras de excelente calidad se han dejado de reimprimir, con el argumento de que los fondos deben renovarse. Los clásicos, llamados así porque han subsistido en el tiempo y por su buena calidad literaria, están llamados a desaparecer con excepción de unos pocos consagrados que forman parte de colecciones que muchas veces aparecen con los diarios y que circulan de manera ininterrumpida.
Y, repito, es posible que el TLC vaya a acentuar esta situación. En cuanto a la escritura, la escritura profesional, espero que no tenga ningún efecto en nuestros escritores.

E.G.: ¿Qué elementos de se deben tener en cuenta en las actuales negociaciones del TLC para que los colombianos y en general, la población de América Latina, tenga acceso al libro y a la lectura?
S.C.: Espero que el TLC facilite la circulación de nuestros autores en Estados Unidos y que por un efecto de rebote permita que los autores de los países que hayan firmado tratados circulen en la región. Generalmente, las multinacionales españolas que tienen sede en Colombia traen e imprimen libros españoles, pero los libros que editan aquí -de autores colombianos-, esas mismas multinacionales, no los circulan entre los países de la región, ni los llevan a Estados Unidos. La situación podría cambiar vía TLC si el acuerdo permite una mayor circulación de nuestros libros y de los de otros países de América Latina por fuera de las fronteras nacionales en países de la región y en Estados Unidos.
Hace algunos años, la IBBY estadounidense publicó un catálogo de los libros para niños extranjeros que circulaban en ese entonces en los Estados Unidos, traducidos o en su propio idioma. De los casi 5.000 títulos que reverenciaban, sólo había tres títulos suramericanos: uno de Venezuela y dos del Brasil. Eso es especialmente grave, pues se trata de una sociedad que tiene un alto porcentaje de habitantes de habla hispana en donde no circulan libros para niños de buena parte de los países que hablan este idioma y que son los países de origen de muchos de sus habitantes.
Sería muy deseable que el TLC permita que la buena literatura para niños, colombiana y latinoamericana, pueda ganar un espacio dentro de los Estados Unidos; pero me temo que se va acentuar la producción de libros creados a imagen y semejanza de los que importamos de allá con la ilusión de que vamos a conquistar su mercado.

E.G.: ¿Cree usted que el TLC podría ampliar las relaciones de Asolectura con otras asociaciones promotoras de lectura?
S.C.: Nosotros tenemos ya relaciones establecidas con las principales asociaciones que hay en Estados Unidos; somos miembros de la más importante de ellas, la “International Reading Association – IRA” y participamos en su Comité Latinoamericano. No sé cómo pueda mejorarse esto.
Creo que el TLC está concebido para que circulen más las mercancías que las ideas y los programas culturales. Nuestro proyecto tiene fines de lucha contra la exclusión de la cultura escrita de millones de colombianos que no tienen acceso a ella y ese problema pocos se lo plantean en los Estados Unidos. Y no porque estén libres de ese flagelo. En Estados Unidos, como en los países del primer mundo, también hay lo que se llama iletrismo , es decir, incapacidad de usar la cultura escrita.
Pero también, muchos afirman que no hay una crisis de la lectura sino que hay una crisis del lector. En los países del primer mundo es cada vez menos exigente en lo que lee, no le interesa leer como una forma de enriquecimiento intelectual y humano, ni para ejercer su ciudadanía, sino como un medio de estar al día. En países en donde la mayoría tiene acceso al libro y a la lectura, al lector no lo forma la escuela ni la biblioteca, ni los promotores de lectura, lo forma la industria. El lector producto de esta industria es acrítico, busca con la lectura el esparcimiento, el entretenimiento y estar al día, leer el último best-seller para no estar excluido del las conversaciones en círculos sociales.

E.G.: ¿Qué características tiene entonces el lector colombiano?
S.C.: Eso es muy difícil de determinar porque no hay un lector colombiano , hay muchos lectores colombianos: hay lectores niños, hay lectores jóvenes, hay lectores profesionales y todos son distintos.
Yo diría que nosotros tenemos muchísima mayor esperanza con el lector -hablo de quienes no estamos interesados en formar consumidores de libros, sino lectores- si lo comparamos con el de otras sociedades. En Europa, por ejemplo, ya se descartó la posibilidad de que lectura y ciudadanía tengan algo en común; mientras que para nosotros, la lectura se constituye en un medio para transformar la realidad. Tal vez no se vendan más libros, pero tenemos esperanza con los lectores. Últimamente algunos escritores –y aún editores- se han venido quejando del lector europeo. Dicen que es un lector pasivo, que lee lo que le están proponiendo los medios masivos de comunicación -cada vez menos críticos-, para estar al día; en cambio, el joven lector nuestro, -no todos, pero muchos-, es un lector rebelde, que lee para diferenciarse, no para parecerse a los demás.
En definitiva, no se puede caracterizar al lector, pero yo diría que tenemos una mayor posibilidad de formar un lector que considere que la lectura sirve para comprenderse a sí mismo, entender el mundo, y si es el caso, transformarlo. Confío en los jóvenes como lectores, porque la mayoría, especialmente los de estratos bajos asumen la lectura con pasión y compromiso.

E.G.: ¿Qué efectos traería el TLC en la biblioteca pública?
S.C.: En Estados Unidos las bibliotecas públicas son importantes, la biblioteca es una institución fuerte, emblema de la democracia, muy bien posicionada en la sociedad norteamericana y financiada por el Estado. A lo mejor, esto nos sirva de ejemplo para que nuestras bibliotecas no sigan sometidas a la buena voluntad de algunas administraciones y se garantice su financiamiento por parte del Estado, y las comunidades se apropien de ellas con fines que vayan más allá del uso escolar.