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Ezequiel Theodoro da Silva
Una mirada a la lectura en Iberoamérica
Profesor colaborador voluntario en la facultad de educación Unicamp. Ex secretario municipal de Educación de Campinas. Socio fundador y presidente honorario de la ALB.
Realizó estudios de pregrado en Lengua y Literatura Inglesa en la Pontificia Universidade Católica de São Paulo (1971); hizo su maestría en Educación en la Universidad de Miami (1973), y un doctorado en Educación (psicología de la educación) en la Pontificia Universidade Católica de São Paulo (1979). Actualmente es profesor pensionado y colaborador voluntario de la Universidade Estadual de Campinas. Tiene experiencia en el área de educación, con énfasis en pedagogía, psicología y didáctica, actuando, principalmente, con los siguientes temas: lectura, formación del profesor, biblioteca escolar y lectura en Internet.
¿Cómo percibe la situación de la lectura en América Latina, el Caribe, España y Portugal? ¿En qué estamos avanzando, qué problemáticas y retos compartimos?
Tenemos que separar los países latinoamericanos de los europeos (España y Portugal) porque ellos poseen una historicidad muy diferenciada. Pese a que poseemos una cierta unidad lingüística, y pese a que compartimos nuestra “latinidad”, la evolución de la lectura en Portugal y en España tiene una trayectoria más larga y, por eso mismo, presenta un afianzamiento mucho mayor que el latinoamericano. En la mayoría de los países de América Latina, con excepción de Argentina y de Chile, la lectura de la palabra escrita y, por extensión, la escuela, todavía no han sido objetivamente democratizadas, pese a los esfuerzos de muchos gobiernos para hacerlo. El fenómeno de la globalización fuerza e impone una aproximación mucho mayor entre los pueblos, lo que, a su vez, lleva a comparar y a evaluar sus niveles de desarrollo educativo. Con esto y por esto, el atraso queda más visible y expuesto, sin permitir que los problemas sean desenmascarados por los gobernantes. En estos términos, el principal avance en la esfera de la lectura reside, desde mi punto de vista, en la posibilidad de intercambiar los análisis comparativos de los problemas y en el conocimiento de aquellas experiencias relacionadas con la superación de esos problemas. Nunca está de más recordar que la lucha por más y mejores lecturas en América Latina, que abren el camino para acceder a los bienes de la cultura letrada, siempre estará en relación con la conquista de sociedades justas y democráticas, donde todos puedan gozar de los derechos de ciudadanía; entre ellos, el derecho a la información y a la lectura.
¿Qué conocimiento tiene acerca de planes nacionales de lectura que se están llevando a cabo en la región? ¿A qué se deberá que tantos países estén formulando este tipo de programas?
Vale la pena recordar nuestro tiempo presente: noviembre de 2008, tercer milenio… Ya deberíamos haber avanzado mucho más en la democratización de los bienes de la cultura letrada junto a las poblaciones latinoamericanas oprimidas. Cargamos una llaga vergonzosa y una deuda social inmensa en cuanto a las prácticas de literacia (1). Constato oscilaciones en las políticas de desarrollo de la lectura, que mezclan fases de entusiasmo y fases de desilusión, fases de participación popular y fases de centralización, pocas fases de avance y muchas fases de estancamiento, sin que los problemas concretos sufran cambios para mejorar. Las llamadas sociedades del conocimiento, de la información y/o tecnológicas, como la llegada de Internet, obligan a los gobiernos a establecer políticas más eficientes para vencer los problemas de la educación y de la lectura. Creo que, en el contexto mundial del presente, la sociedad que no avanza significativamente en educación y lectura será todavía más dependiente de las potencias que consigan llegar a un nivel más avanzado de desarrollo, incluyendo ahí las competencias de lectura, ahora más exigentes y complejas. En algunos de mis escritos, llegué a afirmar que el cuadro de la lectura en muchos países va de fatal a sin vergüenza. Siendo así, la formulación de políticas de lectura hoy puede ser producto de personas que tengan vergüenza en la cara y estén cansadas de repetir las mismas acciones paliativas y mentirosas del pasado.
Para usted, ¿qué es un plan nacional de lectura? ¿En qué radican las particularidades de este tipo de programas? ¿Qué requisitos debería cumplir un programa que pretenda ser un plan nacional de lectura?
Para mí, además de representar simbólicamente un gran sueño de cambio, un plan nacional de lectura es un conjunto de directrices, programas y acciones dirigidas al desarrollo de las diferentes prácticas de lectura en un determinado contexto social. Es una aglutinación de posibilidades, que debe ser elaborada a la luz de la historia porque es la historia la que permite una comprensión crítica de las raíces de los problemas sociales. Igualmente, debe tener origen popular, en el sentido de reunir las múltiples voces que expresan las necesidades de los diferentes segmentos que forman la sociedad. No creo en los planes producidos burocráticamente en los gabinetes de los dirigentes de una nación; si un plan no fuera democráticamente elaborado a la luz de una escucha constante y cariñosa, estaría destinado al fracaso. Yo incluso diría que, por los escenarios de lectura que tenemos frente a nosotros en América Latina, los planes hasta hoy producidos en la mayoría de los países llegaron de arriba para abajo, no consiguieron reunir las fuerzas sociales en torno suyo y no produjeron los efectos esperados. Quiero decir con esto que los problemas del analfabetismo y el alfabetismo son, en verdad, “viejos problemas” que se repiten a lo largo de la historia de los pueblos latinoamericanos. Acumuladas a lo largo de los siglos, en la actualidad estas cuestiones requieren de muchas inversiones y de muchas energías para que sean enfrentadas con la debida seriedad.
¿En qué radica la fuerza, el potencial de los planes nacionales de lectura y en dónde sus mayores riesgos?
Ya traté del asunto del riesgo en la respuesta anterior, pero vale la pena reiterar los riesgos. Helos aquí: la posibilidad de que un plan sea románticamente producido en los gabinetes, no tiene en cuenta las raíces históricas de las necesidades del área y no reúne voces representativas de la sociedad para su construcción. Nunca está de más recordar que un plan nacional debe tener tras de sí voluntad política y recursos financieros (abundantes, concretos y continuos) para la operatividad de las acciones que contemple. Los gobiernos brasileros, en lo que se refiere a las políticas de lectura (no del libro), sobresalen por la contradicción entre el discurso altisonante, las grandes metas y, contradictoriamente, la falta de recursos para hacer que las cosas avancen hacia la superación de los problemas. Véase, por ejemplo, la miseria de nuestras bibliotecas públicas y escolares; una miseria reproducida a lo largo de los años, sin que ocurra ningún cambio, para mejorar, en la red.
¿Qué recomendaciones le haría usted a aquellos que tienen la responsabilidad de diseñar y ejecutar políticas y planes nacionales de lectura? ¿Qué acciones prioritarias les sugeriría para mejorar la realidad de la lectura en sus países?
Mirar para abajo, a las necesidades del pueblo, y honrar su nacionalidad. Nunca traicionarse por el cargo o posición que se ocupa en un órgano público. Estudiar mucho para entender, a partir de la perspectiva histórica y económica, los orígenes de los problemas y de las necesidades de la población a la cual se busca servir. Luchar por la continuidad de las políticas a largo plazo, evitando su eterno recomenzar, que sólo perpetúa el atraso social; un atraso que no ocurre por casualidad, sino que está muy bien calculado por las clases dominantes de los diferentes países. A veces, cabe insistir, se trata de decir no a las seudo-políticas, al enmascaramiento de los problemas reales, a la traición de la visión de mundo por prácticas sociales inocuas que no llevan a absolutamente nada, y que le sirven sólo al mercado y para nada a una existencia más digna de los pueblos.
¿Cuál es su opinión acerca de la idea de conformar una red regional de responsables de políticas y planes nacionales de lectura? ¿Qué nos sugiere tener en cuenta en este momento en que estamos empezando a constituir la Red?
Creo que una red constituye un factor importante para la divulgación o amplificación de las políticas y los planes, y para el intercambio de experiencias entre los países. No es un trabajo muy fácil porque existe una serie de barreras (históricas, lingüísticas, culturales, etc.) que levantan muros altísimos entre nosotros. Igualmente, hay imágenes distorsionadas respecto a los responsables de la activación de una red, no siempre claras a los ojos de las diferentes sociedades. Además de eso, percibo una falta de continuidad en los lazos que se forman en dirección a la consolidación de proyectos de larga duración, haciendo que las cosas mueran y después reaparezcan continuamente, volviéndose redundante e inocuo el propio trabajo. Mi sugerencia quedaría por cuenta del diálogo presencial entre los miembros de la red de modo que las metas, los medios, las evaluaciones, etc., sean claramente establecidos y compartidos; sin esto, puede ocurrir el indeseado apadrinamiento y la muerte de la idea -o de la política- por falta de compromiso de las partes.
¿Qué le quiere contar a los lectores de este boletín acerca de la Asociación de Lectura de Brasil (ALB)? ¿De qué manera la labor que adelanta la ALB puede apoyar su trabajo como decisores y gestores de políticas y programas?
Desde 1982, la Asociación de Lectura de Brasil (ALB) produce conocimiento sobre las prácticas lectoras en nuestro país. A través de los Congresos de Lectura de Brasil (Coles) reúne, bianualmente, investigadores y profesores para temas decisivos referentes a los rumbos de la lectura en la sociedad brasilera. Además de eso, publica semestralmente la revista Lectura: teoría & práctica, el único periódico de Brasil que trata de la lectura, hoy con más de cincuenta números publicados. Actualmente, a través del sitio web www.alb.com.br, publica la revista virtual Línea Maestra (bimensual), un Boletín Informativo (mensual) y ofrece múltiples servicios de orientación a los mediadores de lectura. No puede ser olvidada la Rueda de Investigadores de la ALB, que congrega, en un espacio virtual, a investigadores de diferentes regiones brasileras. Con esto, sin querer ser la “dueña de la verdad”, la entidad proporciona muchos contenidos importantes para el desarrollo de políticas y planes de lectura en Brasil. Lo más importante de todo tal vez sea el hecho de que la ALB se mantiene muy viva y dinámica en el contexto social brasilero, sin depender de la tutela del Estado para sobrevivir; esto en un momento de mucha dificultad para el trabajo asociativo, como consecuencia del individualismo inherente al modelo neoliberal, también teniendo en cuenta que los sindicatos nacionales entraron en hibernación o fueron cooptados por los gobiernos.
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(1) “Literacia” se traduce en este contexto como el dominio de los usos sociales de la lectura y la escritura. Son sinónimas, en este sentido, letramento y alfabetismo.
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