Programa Iberoamericano de Cooperación de Bibliotecas Públicas PicBip
Correo de Bibliotecas Públicas Iberoamericanas julio / octubre de 2003| boletín informativo nº 13
 

Siempre hemos deseado conocer cuántas bibliotecas públicas hay en cada uno de nuestros países y ver cómo, al unir las cifras, obtenemos un número representativo de ellas, o al menos, una cantidad aproximada que nos hable de cerca de, de más de, de aproximadamente. Para encontrar esa cifra -para siempre inexistente-, se han realizado esfuerzos en diferentes épocas cuyos resultados aún no conocemos. Desde la década de los 80 estamos empeñados en contar, y a partir de las cifras obtenidas, empeñados en hacer diagnósticos, en planear acciones y formular estrategias. Pero si pudiéramos obtener esa cifra y con orgullo anunciarla, tendría que estar acompañada por dos números aún más importantes: cuántos bibliotecarios trabajan en las bibliotecas públicas y cuántas personas visitan las bibliotecas públicas.

Pero anterior a las cifras, hay otras preguntas que aún no hemos interiorizado y que permanecen sin transcender los muros de las bibliotecas . ¿Por qué llamamos pública a la biblioteca pública?, ¿Acaso porque es un espacio educativo y cultural en el cual se produce saber por la transformación del conocimiento acumulado en sus fuentes y descifrado por los lectores?. ¿Es pública porque es un lugar de encuentro, un espacio donde la deliberación, el debate y la concertación son posibles?, ¿Una biblioteca es pública porque es la responsabilidad de un Estado y es su tarea sostenerla con los dineros que entregamos los contribuyentes?

Pensar la biblioteca pública es algo más que cifras y números, presupuestos e inversiones; la biblioteca pública es un espacio que convoca al encuentro de las personas en torno a intereses comunes que, al ser compartidos, cohesionan el tejido social. Hoy en las bibliotecas públicas se encuentran las personas con los múltiples soportes de registro de la información, a partir de allí surgen los elementos que posibilitan el establecimiento del diálogo que la convierte entonces en un espacio de desarrollo cultural, social y económico; es aquí, ahora, donde las cifras desbordan cualquier idea que podamos tener en nuestro imaginario.

Solamente en Iberoamérica nuestras bibliotecas públicas suman más de 20.000. En ellas, cerca de 60.000 bibliotecarios inventan mil maneras de hacer posible que la circulación del saber, su difusión y modificación por parte de las nuevas generaciones, le permita -al conocimiento- encontrar nuevos sentidos, transformarse y perdurar o perecer. Aunque las cifras pueden ser aún superiores, podemos hablar de alrededor de 100 millones de personas buscando algo en nuestras bibliotecas públicas; ¿será qué éstas cifras, aún sin ser exactas, acaso no justifican aunar esfuerzos para realizar conjuntamente acciones que nos lleven a crecer y a posicionar ante los gobiernos, la sociedad y las personas la biblioteca pública?