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PUNTO
DE VISTA
¡El Arte de asociarse!
Solo el 5.5% de los libreros de América
Latina está afiliado a las Cámaras del Libros y un
poco menos que el 30% en las Asociaciones de Libreros de los tres
países donde existen.
Richard Uribe
Consultor Internacional CERLALC
He aquí una gran paradoja del sector librero:
la actividad de la cadena de valor del libro, nacida primero en
Latinoamérica, no había sido objeto de estudios que
permitieran conocer su reciente evolución y desarrollo. ¿No
se veían como necesarios los estudios subsectoriales? ¿No
tenía la labor librera un peso económico de importancia
para que los gobiernos, las academias económicas o los investigadores
se hubieran visto en la necesidad de realizar los estudios, como
sí lo hicieron con tantos otros sectores de la industria
y del comercio? o quizá ¿a falta de organización
gremial de librerías fue lo que determinó la carencia?
Tal vez simplemente la mayoría de libreros no ven necesarios
ni los diagnóstico ni los gremios, ni las asociaciones; tal
vez se sienten más cómodos obrando cada quien en su
propio mundo, tal como lo hacen los artistas gozando de su propia
particularidad, angustias y creatividades.
Hemos querido retomar algunas de las preguntas con las cuales se
inicia esta columna, hace ya un par de meses, con el objeto de invitar
a reflexionar a los libreros de América Latina para concertar
su futuro. Ante todo, porque nadie diferente de ellos tendría
legitimidad para hacerlo.
Alexis de Tocqueville nos regaló una maravillosa frase en
su tratado La democracia en América:
“Entre las leyes que gobiernan las sociedades humanas hay
una que parece más precisa y clara que cualquier otra. Si
los seres humanos van a mantenerse civilizados o si van a volverse
civilizados, el arte de la Asociación tiene que prosperar
y perfeccionarse”.
Estimamos que existen en América Latina entre 6000 y 7000
librerías. Tan sólo el 5,5% se encuentran afiliadas
a las Cámaras del Libro.

En Brasil existe la Asociación Nacional
de Librerías desde 1979, esta cuenta con 400 asociados; en
Argentina, se encuentra la Cámara de Papelerías, Librerías
y Afines CAPLA fundada en 1964, y en México funciona la Asociación
de Libreros Mexicanos ALMAC, fundada en 1991. Pese a su dinamismo,
en dichas asociaciones el número de afiliados no sobrepasa
el cincuenta por ciento de los libreros de sus respectivos países.
Identificar las razones por las cuales los libreros se afilian o
no a las Cámaras del Libro o a las Asociaciones existentes
debería ser un punto de partida para el diálogo entre
los libreros del continente y especialmente de los libreros miembros
de la Red Latinoamericana de Librerías.
En América Latina el desarrollo del comercio del libro ha
sido diferente al alemán. Sin embargo, me parece pertinente
referenciar las experiencias de este país, librero por excelencia.
Svend Dahl en su libro Historia del libro, publicado en español
por Alianza Universidad, explica cómo desde 1825, cuando
se constituyó la Börsenverein der deutschen Buchhändler
–la asociación de libreros alemanes–, los libreros
han tenido una enorme influencia no sólo al interior de la
cadena del libro sino en el Estado y la sociedad. Fueron ellos quienes
en 1848 consiguieron la abolición de la censura, fueron ellos
quienes establecieron el sistema tipo alemán de los libros
en comisión; según el cual, los libreros recibían
cierto número de ejemplares, de los títulos nuevos
y podían devolver los no vendidos en un tiempo determinado.
Asimismo, este gremio consiguió poner en práctica
cláusulas comerciales de carácter obligatorio entre
editores y distribuidores, entre las cuales estaban el precio fijo
y el tipo de descuentos que fijaban los editores a los distribuidores.
Los libreros asociados también eran los dueños de
la Feria Librera de Leipzig y hoy son fuertes accionistas de la
Feria de Frankfurt. De igual forma, fueron ellos quienes facilitaron
el sistema alemán conocido como Barsortiment, el mayorista
intermediario, lo que les racionalizó el manejo de las existencias.
Las costumbres comerciales del libro alemán van a cumplir
dos siglos con los mismos parámetros y fue la asociación
mencionada la voz negociadora que permitió, aun en las negociaciones
de la Comunidad Europea mantenerlas. En 1950 crearon el Friedenspreis
– el Premio para la Paz, reconocido mundialmente. Al citar
el ejemplo alemán no estamos generalizando sobre sus bondades,
basta recordar que en Inglaterra y los Estados Unidos los editores
venden en firme, pero casi siempre cuando un libro no obtiene éxito
inmediato, los editores lanzan el resto de la edición al
mercado con precios fuertemente reducidos. The American Booksellers
Association, fundada en 1900 ha sido un actor relevante en el desarrollo
del comercio del libro de ese país.
En días pasados el experto español Jordi Nadal (jordinada@telefonica.net)
escribió un excelente artículo llamado “Falta
canal para la educación y la cultura y el libro”, donde
afirma lo siguiente:
“La industria editorial en lengua española anda sobrada
de producto. Hay tanto que, en cierto modo, los libros superficiales
censuran parcialmente -a causa del ruido que generan- lo mejor que
se edita, que, por cierto, es mucho. En España, si los Ministerios
de Cultura, Industria y Economía, aliados con el Instituto
Cervantes y el Instituto de Cooperación Iberoamericana, se
propusiesen potenciar en serio la educación, establecerían
una alianza, aún más amplia y sólida que la
que ya existe, con la industria editorial (por cierto, una de las
pocas en las que somos globalizadores, y no globalizados). Para
hacerlo, debería darse toda la ayuda del mundo para que se
abriesen librerías en los países de Latinoamérica.
Porque, con más y mejores librerías, se contribuiría
a la educación de los ciudadanos y, en consecuencia, se ayudaría
a articular un espacio geoestratégico cultural, extendiendo
el conocimiento en el mundo hispanohablante.
Para que esta propuesta no se quede en sólo
lo teórico, enumero posibles iniciativas concretas, siguiendo
importantísimas sugerencias que recibo de Gabriel Zaid:
1. Las agencias del ISBN están muy mal en todos los países
hispanoamericanos. El dinero y la ayuda técnica para llegar
a tener una base de datos global de todos los libros publicados
en español sería una ayuda fundamental para el mundo
del libro en español: librerías, bibliotecas, universidades,
etcétera.
2. Regalar a las librerías un programa informático
desarrollado para su propia administración: existencias y
ventas por título y editor, acceso a la base de datos del
punto anterior, a los portales de los editores, estadísticas
y, desde luego, contabilidad de la librería.
3. Con los dos puntos anteriores ya funcionando, un gran servicio
a los lectores sería localizar la librería más
cercana donde se encuentra un libro que se busca.”
La cita que aquí hacemos requiere, sin embargo, algunos comentarios.
No dudamos que falten puntos de venta libreros en casi todas las
capitales de los países, y esto sin ni hablar de las provincias;
sin embargo, desde nuestra óptica y al otro lado del Atlántico,
antes que abrir nuevos puntos, resulta imprescindible fortalecer
las librerías existentes y sus agremiaciones. Nos preocupa
que de los 5.137 libreros registrados en nuestras bases de datos,
solo 1.667 manejen Internet, y tengan incluida en sus direcciones
la electrónica. Me inquieta que las librerías con
menos de treinta metros cuadrados no tengan sistematizados su contabilidad
en un 55% y los inventarios en un 60%.
Maravillosa e indispensable la iniciativa la de los programas informáticos.
Pero, ¿quién los regala?, o mejor ¿a quiénes
les corresponde sustentar la necesidad?
Los dos aspectos anteriores han sido nombrados en varias ocasiones
e instancias. Pensamos que nada sucederá si los libreros
no lideran el proyecto. Labor que debe empezar por sistematizar
las pequeñas librerías, algunas medianas y hasta algunas
de las grandes que no cuentan aún con soportes informáticos
y tecnológicos. Es necesario invitar a todas las librerías
a obtener un correo electrónico, correos que no cuestan nada
pero que brindan el beneficio de la modernidad.
Del citado texto de Nadal, tampoco podemos compartir del todo la
afirmación según la cual las Agencias del ISBN están
muy mal en todos los países hispanoamericanos. Esto no es
cierto, la cobertura ha aumentado sustantivamente y hoy en las bases
de la Agencias correspondientes al 2003 se tienen 65.581 títulos
registrados. Solo tres países de América Latina tienen
un subregistro importante. España está completamente
al día con sus 63.572 nuevos títulos. Lo que si es
cierto es que la mayor parte de las agencias carecen de recursos
suficientes para hacer labores adicionales de promoción al
libro, diferentes al mero registro, y poder así cualificar
sus reportes e informes a la comunidad lectora. Un detenido seguimiento
a l portal del CERLALC sobre la oferta bibliográfica permitirá
corroborar los avances de las Agencias.
Asociarse y concertar, lo cual quiere decir: traer a entendimiento
fines diversos, afinar discrepancias e identificar esfuerzos y acuerdos,
permitirá defender una política librera capaz de tener
repercusión en las políticas públicas y las
costumbres comerciales del libro. Este es el reto y el camino, pero
el mismo sólo puede alcanzarse por los libreros en su conjunto.
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