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DELIBROS
Fallece Hans Ungar, un mito de las librerías en Colombia
En el número anterior del Boletín
incluimos como homenaje al librero alemán radicado en Colombia,
Hans Ungar, el artículo “El oficio de librero hoy”.
Hans todavía estaba vivo. A los pocos días murió.
Con él fallece una tradición de un librero culto,
guía de sus lectores y profundamente apasionado por todo
lo que significaban los libros. Huyendo de la persecución
nazi, se radicó en Colombia donde fundó la Librería
Central. Allí escritores y artistas hallaron un refugio creativo
y crítico en medio de una sociedad tardíamente patriarcal
y antimoderna. El Boletín ha contactado a su hija Elisabeth
Ungar, directora del Departamento de Ciencia Política de
la Universidad de los Andes, para que nos dé un retrato vivo
de su padre.
Su padre fue librero cultural durante más
de cincuenta años. ¿Tuvo en algún momento la
impresión de que las librerías como espacio cultural
desaparecerían?
Mi padre no solamente nunca pensó que las librerías
desaparecerían, sino que, a pesar de la incursión
de la tecnología, estaba convencido que el libro perduraría.
Para él, así como para Lilly Bleier, su esposa y compañera
de trabajo por más de sesenta años, la Librería
Central era precisamente lo que usted dice en su pregunta: un espacio
cultural, un espacio de encuentro, de tertulias, de intercambio
de ideas e informaciones sobre libros y sobre la vida cultural del
país y del mundo. Además de libros, en el espacio
de la Librería Central el visitante podía encontrar
exhibiciones de arte, y durante varios años, música,
todo lo cual era parte de ese espacio cultural que él tanto
quiso. El aspecto comercial siempre fue para él un apéndice
de lo primero.
Hans Ungar dignificó la profesión de librero
en Colombia. ¿Qué lo caracterizaba como un librero
especial?
Para Hans Ungar, cada cliente era especial. O quizás
mejor, más que clientes, eran visitantes. En muchas ocasiones,
cuando uno de los asiduos visitantes le pedía un consejo
bibliográfico, él no dudaba en recomendarle lo que
consideraba mejor, independientemente de si el libro se encontraba
en la Librería Central. Hans Ungar fue un bibliófilo
y un bibliómano consumado, y esto fue lo que trató
de reflejar en su trasegar como librero. Otra de sus características
era que no se compadecía con las "modas literarias".
Para él los llamados "best sellers" eran solamente
eso: libros que se vendían bien, lo cual no hablaba nada
de la calidad de los mismos. Es más, por lo general ponía
en duda su calidad o su aporte.
¿Qué pensaba su padre sobre la situación
de las librerías y de los libreros colombianos?
Mi padre se dolía de la situación de las
librerías y de los libreros colombianos, pues veía
cómo la situación se iba haciendo difícil y
cómo muchas librerías iban desapareciendo. Sin embargo,
como ya lo señalé, siempre estuvo convencido de que
aún con dificultades, estas perdurarían. El libro,
para él era perenne.
Su padre ayudó a dinamizar la vida cultural colombiana
importando y divulgando una gran cantidad de libros que si no lo
hubiera hecho él, no lo hubiera hecho nadie...
Efectivamente, Hans Ungar destinaba muchas horas de su
vida diaria y también días enteros de sus viajes por
a trasegar por las librerías y casas editoriales buscando
títulos y autores para traer a Colombia. Sin embargo, si
bien no es posible saber qué hubiera pasado si mi padre no
hubiera hecho los aportes que hizo, no se puede desconocer la labor
de muchos otros libreros que junto a él ayudaron a forjar
las librerías de ayer y de hoy. Algunos extranjeros y muchos
más colombianos.
¿Qué escritores y artistas fueron sus amigos
y clientes de su librería?
Sería interminable enumerar la lista de escritores y artistas
que pasaron por la Librería Central y por la Galería
de Arte El Callejón y que fueron amigos de Hans y de Lilly.
Desde los más conocidos, como Obregón, Botero, Wiedeman,
Ramírez Villamizar, Grau, Villegas, Noé León,
Hernán Díaz y Negret, García Márquez
y Mutis, para mencionar sólo algunos, hasta pintores, escultores,
fotógrafos y escritores menos conocidos pero que no por ello
no han hecho un gran aporte a la cultural nacional e incluso internacional.
Los libreros, en medio del trabajo y del estrés
cotidiano, hoy no leen o no pueden hacerlo. Su padre hace parte
de una estirpe en extinción: los libreros que leían.
No creo que sea posible que un librero de verdad no lea.
Quizás sea un vendedor de libros, pero eso es otra cosa.
Efectivamente, Hans Ungar era ante todo un lector, un amante de
los libros y de todo lo que los circundaba, y luego un vendedor.
La Biblioteca particular de mi padre es una prueba de ello. Esta
y la Librería Central se hicieron simultáneamente,
e incluso me atrevería a decir que en ocasiones esta última
fue "victima" de la primera, en la medida en que libros
que estaban destinados a aquella, terminaron en los estantes de
la segunda.
¿Cómo era su padre en el manejo comercial
y administrativo de la Librería Central?
Realmente, la parte comercial y administrativa siempre
estuvo más a cargo de mi madre, Lilly Bleier de Ungar que
de mi padre. Ella, además de esta labor, fundamental para
el desarrollo de la Librería y para su crecimiento e influencia,
también ha sido la persona que le imprimió el carácter
personal, amable y casi familiar que tantos clientes y asiduos visitantes
aprecian de la Librería Central. Para ellos, cada cliente
es especial y mi madre se lo hacía sentir.
Quienes no tuvimos un trato personal con Hans, pero lo
admiramos, nos encantaba oírlo por la emisora HJCK presentando
novedades editoriales todos los domingos a las nueve de la mañana.
Tenía una voz magnífica.
Para Hans Ungar, la HJCK fue no solo un espacio para hablar
de su gran pasión, los libros, sino un rato para compartir
con sus escuchas sus afectos por ciertos autores y ciertos libros.
Pero además, fue un espacio donde se forjó una amistad
inigualable con los Castaño-Valencia, amistad que persistirá
por siempre. Cada programa era especial para Hans. Lo preparaba
a conciencia, revisaba cuidadosamente la lista de libros que comentaría
y lo disfrutó de comienzo a fin. Su voz era bella, y se fue
apagando con su vida. Sin embargo, hasta el último programa
que grabó lo hizo con un profundo amor y respeto por los
oyentes.
¿Hay alguna lección que Hans Ungar dejara
para los jóvenes que hoy quieren ser libreros?
Creo que la principal lección es que para ser un
Librero (con "L" mayúscula) es fundamental amar
los libros, identificarse con ellos, dedicarles tiempo, acariciarlos,
disfrutarlos.
¿Qué imagen inolvidable tiene de su padre?
Es imposible hablar de una sola imagen. Son muchas, pero la mayoría
relacionadas con libros. Pero quizás la que nunca olvidaremos
quienes lo conocimos es la de Hans sentado en el sillón de
su biblioteca, donde pasaba larguísimas horas escuchando
música, fumando pipa, acompañado por su perro. Como
tampoco olvidaremos la alegría y el placer que sentía
mostrando su biblioteca y hablando del último libro que había
conseguido.
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