Boletín de la Red Latinoamericana de Librerías No.5 ir a Boletín CERLALC    

 
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EL LIBRERO EN LOS LIBROS

La asistente del Boletín RED LIBRERÍAS, Paola Roa, ha seleccionado un fragmento del cuento “Felicidad clandestina” de la gran escritora brasilera Clarice Linspector. ¿El tema? La misteriosa hija del librero.

Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio pelirrojo. Tenia un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos planas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historias le habría gustado tener: Un papá dueño de una librería.

No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del papá. Para colmo, siempre era algún paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos. Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como “fecha de nacimiento” y “recuerdos”

Pero que talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, delgadas, altas, de cabello libre. Conmigo ejercitó su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban.

Hasta que llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como por casualidad me informó que tenía El reinado de Naricita, de Monteiro Lobato (...)

Clarice Linspector, Cuentos completos, Alfaguara, 2003

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Nuevamente el estimado Roger Michelena, desde Caracas, nos trae a la memoria el valor del librero en la vida del lector.

Yo me dedico a mi oficio, ¿comprendéis? Soy librero, voy de aquí para allá, veo a un montón de gente, vendo los libros, descubro talentos ocultos bajo montañas de papel. Yo propago ideas. El mío es el oficio más arriesgado del mundo, ¿entendido? Soy responsable de la difusión del pensamiento, incluso del más incómodo. Ellos escriben e imprimen, yo difundo. Ellos se creen que un libro vale por sí mismo, creen en la belleza de las ideas en cuanto tales. Una idea es válida en tanto que se difunde en el lugar y en el momento adecuados, amigo mío.

(Luther Blisset, Q, Debolsillo, 2002)