Boletín de la Red Latinoamericana de Librerías No.5 ir a Boletín CERLALC    

 
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PUNTO DE VISTA
Cómo estimular el hábito en el consumo de libros en librerías

Lic. PORFIRIO ROMO, Director de Editorial Lectorum y Librería El Alma Zen (México)

Cuando se dice que México no tiene librerías porque es un país en el que “nadie lee”, es una respuesta demasiado superficial e inexacta. Es una salida fácil para un problema complejo. Asimismo decir que solo en México hay 500 librerías es un dato un tanto falso, ya que habría que diferenciar lo que es una librería y un punto de venta de libros. Hay librerías con cafetería pero también hay cafeterías con libros.

Si en una librería la mayor parte de sus ingresos, es decir, un 80% viene de la venta de libros, estamos hablando de que es un negocio dedicado a la venta de libros, si esto no es así, es otra clase de negocio con venta de libros. Por lo que no hay que confundir y sumar peras con manzanas. Poner a Barcelona como una ciudad que cuenta más de 500 librerías es una exageración en donde creemos que se confunden peras con manzanas, aunque no significa que en México estamos muy bien en cuestión de librerías, pues hoy estamos peor que hace cinco años, por lo que no podemos dejar de preguntarnos qué es lo que sucede, pues así como la educación, México es un país apetecible para la industria editorial orientada a los textos escolares con varios millones de alumnos en acto y en potencia. Al menos en número de hispanohablantes somos la nación más grande del mundo.

México se convirtió en el centro editorial hispano, cuando razones políticas orillaron a muchas casas editoriales de España a instalarse aquí como fórmula para no romper la continuidad. ¿Cuáles son las causas que no han permitido hacer crecer el negocio librero en México y mantenernos con un número sumamente limitado de librerías y un limitado servicio? Podemos mencionar algunos de los problemas por los que atraviesa el gremio de libreros, los cuales se pueden concentrar en lo siguiente:

  1. Las librerías, salvo honrosas excepciones, no son hoy un negocio rentable que atraiga inversionistas, y pocas pueden llamarse exitosas. Más allá de un buen montaje, las librerías necesitan público. El retorno de la inversión se da en un retorno prolongado. El margen de ganancia aparentemente es de entre el 35 y 50%, pero al final es menos, porque se ve obligado a ventas reducidas. La mayoría de los libreros inician su negocio con un interés mayor que de ganar dinero. Es evidente que ningún negocio ofrece garantías o seguridades, pero es cierto que el cúmulo de obstáculos que se presentan en el negocio librero es mucho mayor. Aunque no se puede pensar que el Estado o el Gobierno nos venga a resolver del todo el problema, es indispensable que las condiciones bajo las cuales operan se adapten a una economía de mercado agresivo y global, donde todos deben participar como agentes que intervienen en la cadena producción-distribución-consumo.
  2. El crecimiento explosivo de la industria editorial paradójicamente ha hecho de las librerías un negocio complejo y más reducido. Es necesario ser más dinámico para captar la esencia de nuestra librería y exhibir justo lo que el público necesita, y no reproducir el bombardeo que como libreros recibimos de los editores y distribuidores. Dicho en otras palabras la cantidad tan grande de novedades obliga a las librerías a una especialización, o en su defecto, corren el riesgo de convertirse en una librería general que parezca desabastecida. No permitir que esta realidad generada por los editores provoque un eco de preocupación entre los libreros. Por lo que se obliga a la necesidad de fortalecer canales alternativos. Un mundo ideal sería una librería con una avalancha de libros y lectores que la visiten, pero mientras esto no exista habrá que seguir enfrentando la frustrante situación del lector que no encuentra el libro que busca. Para evitar el padecimiento de libreros recibiendo un público que sale con las manos vacías, con la sensación de una librería mal surtida, y de editores que sufren baja en sus ventas, la respuesta es la especialización más que diversificación. Lo cual nos permitiría aspirar a autores un poco mas satisfechos que dejen de sentir que sus libros no se encuentran en ningún lado. Las librerías debemos de romper el círculo: no invierto porque no vendo, y no vendo porque no invierto. Actualizar y renovar nuestras herramientas haciendo uso de las nuevas tecnologías que nos permitan un sistema sencillo de clasificación en el que el cliente se sienta atendido y orientado.
  3. Más allá de leer o no leer, el libro es una mercancía poco acreditada en cuanto a su valor de venta. Muchos piensan que los libros deberían ser gratis. Sensación que se ha dado mas recrudecidamente a partir del libro de texto gratuito en donde el libro es obsequiado, ni siquiera comprado por los padres. En la gran mayoría de los países cuando menos en los de habla hispana no hay un impuesto por la importación o exportación de libros, ni aranceles que protejan a una industria nacional. El libro se podría considerar una mercancía sui generis, especial, distinta a las demás, pero finalmente es una mercancía que también tiene su propio valor de cambio, su precio final al público. Uno compra ropa o alimento y asimismo la responsabilidad que hay que pagar por ello, sin cuestionamiento, sin embargo el libro no lo consideramos como una actividad que desarrolla la parte esencial del ser humano, el pensamiento también puede implicar un esfuerzo. Los libros también tienen un valor y hay que pagar por ellos. Los factores como libros de texto gratuitos, libros editados por dependencias oficiales que no tienen circulación comercial y por lo tanto terminan siendo regalados, descuentos absurdos y carencias de hábito son los que han ido desvirtuando el valor de los libros en las mentes de sus lectores y posibles compradores.
  4. En la comercialización de libros no hay igualdad de condiciones, lo que genera un ambiente caótico que sólo viene a perjudicar al libro y a sus lectores. Esto lo podemos ejemplificar cuando en una carrera desbocada por incrementar los descuentos, se otorgan descuentos enormes a ciertos clientes, mientras que a otros, regularmente las pequeñas librerías, las restringen al grado de abrir un abismo entre unos descuentos y otros. La regla es implacable: a más descuento a grandes detallistas, menos librerías abiertas. Esta carrera absurda de precios y descuentos tiene que parar en algo, y se vislumbran dos escenarios, libros caros en relación con su costo de producción, pocas librerías, baja producción de los libros que no sean best seller y su pobreza en contenido de publicación. Pero creo que todos los involucrados en la cadena del libro podemos hacer esfuerzos conjuntos para alcanzar un mínimo de orden, apoyar la promulgación de una ley del precio fijo y contribuir a que las librerías dejen de ser clientes de segunda para algunas editoriales. Esa ley de precio fijo podría ser un principio, pero no significará mucho avance si no es apoyada tanto por editores como detallistas con una visión de más largo plazo, una visión del ordenamiento paulatino del mercado y su consecuente reducción en los precios finales, y conseguir que las librerías vuelan a ser un negocio rentable para quien esté capacitado para dar un buen servicio y atención a la clientela.
  5. Un mercado informal que compite en forma desleal, no solo por gastos e impuestos, sino por los robos por encargo que genera.
    Actitud condenable por todos aquellos que además de arriesgar su patrimonio ofrecen empleo y seguridad a sus empleados y pagan contribuciones. Los vendedores callejeros son otro daño, y por supuesto la copia exacerbada de libros. Se ha creado una red de delincuencia que se dedica a robar libros en cantidades muy importantes a las mismas editoriales. En las editoriales y distribuidoras, resultan alarmantes las diferencias al cierre de todo inventario. En las librerías que no tienen un sistema de cómputo que les ayude a revisar inventarios no tienen idea de la magnitud de lo robado. Es indispensable acabar con el comercio callejero de libros, un gremio fuerte de libreros puede hacer oír su voz ante las autoridades responsables o incluso ante las organizaciones políticas que defienden al ambulantaje. Es una tarea igualmente importante para las editoriales que se ven dañadas directamente por los robos y la piratería.
  6. Una desbordante producción pirata que amenaza tanto al comercio establecido del libro como a sus autores. La amenaza de la piratería industrial es peligrosa para todos los involucrados en la cadena de libros. Permitir la piratería es condenar cualquier proyecto de país al más rotundo fracaso. Aquí no hay distinción de trincheras, tanto libreros como editores y autores debemos dar la batalla antes de que sea demasiado tarde. Busquemos la forma de cancelar, sin ningún miramiento, todo comercio informal de libros, fuente inicial de ambas plagas, el robo y la piratería. Todo lo antes dicho deriva en la necesidad de hacer un trabajo en conjunto. Encuentro de una importancia trascendental la creación de foros de discusión como este en donde las ideas puedan circular entre los interesados y también se puedan debatir.