Respuestas de algunos de nuestros afiliados.
Al volver a tener contacto con ustedes en el Boletín me
he sentido muy contenta. Estas alegrías y noticias son
trasmitidas a los que forman parte de Vida Nueva (nuestro cliente
interno) y esto va en beneficio de todos. La atención al
público es muy agradable, tratamos de tener novedades y
la selección que estos demandan, manteniendo una actitud
positiva en las buenas y en las malas. Esto hace la diferencia.
Atentamente.
Margarita de Baquerizo Libreria Vida Nueva (vidnueva@gye.satnet.net)
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Estoy viviendo una experiencia relacionada con el
tema que deseo comentarles.
He sido Gerente de la librería más grande (67 empleados)
de la cadena del grupo Gandhi. Estuve casi cuatro años
en esa sucursal, la ubicada en el sur de la ciudad de México.
Es una zona universitaria, progresista, de clase media y media
alta. La mayoría de los clientes de la librería
son estudiantes, maestros, intelectuales, catedráticos,
investigadores, escritores, etc., sin descartar a los padres que
buscan algún libro para sus hijos o un regalo para alguna
festividad o compromiso.
Hace cinco meses me cambié como Gerente a la sucursal "Lomas"
que está ubicada en una zona residencial de alto poder
adquisitivo en la zona de Chapultepec/Palmas. Esta sucursal, por
una razón o por otra, no estaba teniendo los resultados
esperados.
Lo que hice en primer lugar fue crear conciencia
en todo el personal que trabaja en esta librería (27 personas)
de que las cosas iban a cambiar, sin que afectara esto a su situación
laboral, e hice una campaña con ellos para mejorar su labor
de venta, de darle una nueva imagen, tomando medidas para que
mejorara la atención al cliente.
Consideré importante conocer el perfil de
los lectores de esta zona. Encontré que la clientela es
radicalmente distinta a la que tiene la sucursal que dirigí
antes, pues aquí se demandaba más el libro de novedad
rabiosa, los ejemplares de arte caro, libro clásico en
rústica, etc. Con base en mi investigación, revisé
cuáles libros teníamos y en qué cantidades,
encontrando que estábamos sobreinventariados y con material
que tenía mucho tiempo de no desplazarse, que me representaba
capital muerto y ocupaba espacio en donde podría exhibir
material de mayor rotación-más adecuado a las preferencias
de la clientela.
Con esto se logró una mejor estética;
los pasillos de circulación quedaron libres y todo lucía
más ordenado. Quitamos muchas "pilas" del piso.
Redujimos los materiales en oferta o a precio descontado, etc.,
y adecuamos el surtido a los gustos de la clientela.
El almacén fue otro espacio en donde hubo
que hacer lo mismo: orden, limpieza, únicamente materiales
de movimiento, etc. Al ordenarlo, encontramos artículos
que tenían más de tres años guardados!
Revisamos todos los libros maltratados de todos
los departamentos. Y los saldamos dándoles un descuento
especial, colocándolos en un espacio aparte en la librería,
muy bien señalizado, indicando los vendedores a los clientes
que se trataba de una situación especial.
Todo el material que ya no necesitaba, pero que
podía venderse a precio completo, se relacionó y
se surtió a las diferentes sucursales del Grupo, adecuando
el material al tipo de librería que lo iba a recibir.
Como iniciativa para aumentar la venta, introdujimos
una mesa temática, que vamos cambiando cada mes en la que
ponemos "recomendaciones de los libreros de esta sucursal".
Ha resultado un buen "gancho" para que el cliente sepa
lo que creemos les pueda interesar.
También pusimos un espacio-aparador en la
entrada de la librería que cada mes se cambia, con temas
diferentes ó libros muy especiales, sobre todo de arte.
Contamos con una cafetería y un jardín muy agradable.
Aprovechando ese espacio, organicé un curso de Literatura,
que ha sido un éxito, en el que exponemos la historia de
la literatura y aprovechamos para vender a los participantes los
libros de que trata el curso: el resultado es que los alumnos
aprenden, conocen a los autores y compran los libros.
Todos estos cambios han mejorado la imagen de la
librería; han aumentado las ventas y el rendimiento de
la sucursal; y los clientes están más satisfechos.
Y todo esto ha reforzado la motivación y mejor disposición
del personal: estamos cumpliendo el objetivo mensual y esto sirve
de estímulo a todos en una librería que había
sido el "patito feo" de la cadena.
Y todo esto se logró mediante una mejor orientación
al personal para atender al cliente y poner cuidado en su trabajo;
a la adecuación de los materiales y del espacio al tipo
de cliente que nos visita; y a una constante renovación
del surtido de la librería, convenientemente acomodado
y presentado. No ha sido sencillo. Ha tomado cuatro meses. Pero,
tampoco ha terminado: siempre hay algo que podemos mejorar, poniéndonos
en los zapatos del cliente o del accionista.
Les agradezco que hayan compartido conmigo esta experiencia y
con gusto podría ampliarles alguno de los puntos que he
reseñado, quedando a la espera de sus comentarios y sugerencias
para continuar esta labor de mejora.
Elisa García Amaro. Gerente Gandhi Lomas,
México D. F. (elisa.garcia@gandhi.com.mx)
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Es fundamental diferenciar y establecer límites
claros entre lo que es un librero y un vendedor de libros. Decido
por que la segunda opción. Y no acepto que el de librero
se contemple como un mero oficio. Es cierto que estamos bajó
el ámbito de una relación comercial, pero esta actividad
tiene sentido si se hace en favor de acercar el libro entre el
autor y los lectores. Para el "vendedor de libros" el
libro no es más que un producto más: suma y resta
en las facturas. Espero no subestimar a ningún miembro
de este gremio: solo hago un esquema general para trazar el paralelo
y las diferencias.
Quien pone el libro en las manos del lector, quien logra atraer
la curiosidad (casi siempre nos acercamos a un libro por esto)
de quien busca, no un jabón, una herramienta, un articulo
cualquiera, sino un delicado objeto que le haga compañía
en un placentero momento de soledad, que le enseñe, lo
sorprenda, lo conmueva, no puede ser tan solo un vendedor.
Bajo esta premisa se debe trabajar en librería. Es evidente
que las personas que visitan la librería no se acercan
a uno para escuchar respuestas de índole referencial (precio,
tamaño, garantía), sino a un guía, alguien
que esté dispuesto a escuchar y descifrar con sutileza,
quizás el pedido mas abstracto y contradictorio que existe
en el mercado: un libro, una historia. Pero también el
lector-comprador busca a alguien que esté dispuesto a conversar
(el librero vende palabras), a acompañar la búsqueda.
Y cuando el librero o librera conoce la historia (no siempre
tiene que hacerlo) y se la trasmite a ese enigmático visitante,
le da un vínculo oculto: un libro crea un puente y el librero
no será olvidado. Esto es lo que vendemos.
Esta romántica hipótesis solo se aplica A LA LIBRERÍA
-en el estricto sentido de la palabra- ya que existen muchas "derivaciones":
cusalibrerías y seudolibreros.
Si tomamos conciencia y valoramos el sentido cultural del librero,
la librería tiene un plus, una ganancia que las otros no
tienen. Así la librería puede ser un espacio urbano
necesario, un espacio de la utopía.
Paola Roa - Librería Lerner Norte de
Bogotá