Boletín de la Red Latinoamericana de Librerías No. 15 ir a Primera página  

 

 
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Semblanza mortis de R. H. Moreno Durán

El 21 de noviembre de 2005 fallecía en Bogotá el escritor colombiano Rafael Humberto Moreno Durán. R. H. -como era conocido en la comunidad literaria iberoamericana- había cumplido los 59 años y se encontraba en su mejor momento creativo. Mario Ramírez Orozco, profesor colombiano en Noruega, y quien elaboró su tesis de maestría sobre la magnífica “Toque de diana” nos envía esta semblanza del escritor quien se autodenominó “paradójicamente exiliado de la realidad y a su vez devotamente enamorado de lo más femenino de ella”.

Nuestro colaborador Mario Ramírez con R.H. Moreno-Durán en el Café la Romana. Bogotá, enero 10 de 2003

El jugador de la palabra múltiple

Por MARIO RAMIREZ-OROZCO (1)

R.H. Moreno-Durán era juego total, sufría de una ludopatía cultural crónica. Fue el maestro mayor de una prosa elucubrata , a la que el profesor alemán Kart Kohut entendía como culta, refinada, alejada de los tópicos y comprometida con la universalidad y la renovación formal, y que superó sin complejos el pesado fardo que significó para toda una generación de nuevos escritores el llamado Boom de la novela latinoamericana de los años sesenta.

No es de extrañar entonces que ahora se encuentre en algún paraíso narrando historias de féminas traviesas a un gran auditorio de lectores, ángeles y demonios, muchos de ellos también escritores, con ese toque sutil presente en su endiablada escritura, a la que cargaba de esa ambigüedad erudita con la que intentó demostrar que, como gustaba repetir, “en la vida, frente al hecho cotidiano, no hay ninguna ortodoxia que valga”. Su Experiencia leída , como subtituló a una serie de ensayos, fue tan apabullante que nos llevó a preguntarnos cuál sería su método para tanta eficacia y contundencia crítica.

Desde ese desplazamiento soberbio en el tiempo y la geografía latinoamericana que fue De la Barbarie a la Imaginación , pasando por el recuento de la mejor literatura en lengua alemana de la primera mitad del siglo XX en Taberna in fábula y de su hermoso homenaje a la palabra libertina y libertaria de finales del siglo XIX en El festín de los conjurados , hasta sus Mujeres de Babel , una bella deferencia a los personajes femeninos de James Joyce, unos de sus autores más queridos y de quien encontramos varias claves en su trilogía Fémina Suite ; la obra ensayística de R.H. Moreno-Durán es inusual por su enfoque y profundidad en las letras continentales de finales del siglo pasado. Por eso, en la primera ocasión en la que fui a su encuentro, no dudé en devolverle la pregunta que él mismo le hiciera al escritor y crítico mexicano Juan García Ponce: Maestro, ¿Cómo hace para leer todos los libros y, además, publicar periódicamente luminosos ensayos y novelas cada vez más inquietantes y originales? Su respuesta fue un modesto: “No es para tanto”.

Y es que R.H. Moreno-Durán, lejos de lo que opinaban quienes nunca lograron su cercanía, era una persona de una sencillez y modestia impresionantes. Eso sí, ajeno al elogio fácil o la condescendencia populista. Además, compartía la misma cualidad que él admiraba en Juan Carlos Onetti: “nunca le vedaba un lugar en su mesa a un escritor joven” y, agregaría yo, ni a quien participara de su infinita alegría de lector crónico. Parecía dedicar todo el tiempo del mundo a su interlocutor, después del café le gustaba caminar por entre librerías, mientras prestaba atención respetuosa a la opinión ajena e intervenía para ampliar los argumentos con una delicadeza que era salpicada por su implacable ironía, ese humor de la inteligencia, como alguna vez la definió y, por supuesto, por su característica sonrisa.

A pesar de las lúcidas sentencias que tenía sobre algunas obras o escritores prefería contra preguntar a su contertulio y dejar en el ambiente la grata sensación de unas conclusiones producto del diálogo fecundo y no, como era evidente, fruto de su vasto conocimiento. Sus colegas, escritores o críticos, expresaban sin recato la admiración y profunda estima que profesaban por Moreno-Durán. Sabemos de la gran amistad y admiración mutua con sus paisanos Gabriel García Márquez y Álvaro Mutis, Rafael Gutiérrez Girardot, Germán Espinosa y Juan Gustavo Cobo Borda, entre otros.

En el plano internacional fue cercano a las grandes figuras de la literatura latinoamericana, con quienes mantuvo una intensa relación epistolar y con los que se encontraba con frecuencia en congresos o cátedras en las más prestigiosas universidades del mundo. Testimonio de esos afectos son sus programas de televisión Cien años de imaginación y Palabra Mayor , recogidos luego en ese hermoso libro de semblanzas literarias Como el halcón peregrino , en el que podemos apreciar en entrelíneas las claves de una impresionante biografía literaria inmersa en la República de las letras continentales.

Guardo con especial cariño la apología, a dos voces, que sobre él me hicieron Augusto Monterroso y Bárbara Jacobs, cuando les conté que escribía mi tesis de maestría sobre El Toque de Diana . Se peleaban por recordar deliciosas infidencias sobre las ocasiones en las que lo habían encontrado en diversos lugares del mundo y relataban la satisfacción de recibirlo en su casa de Chimalistac, cada vez que se aparecía por la capital mexicana. En Barcelona, en la modesta oficina del barrio de Gracia, sede de la revista Quimera , que tanto significó para R.H. Moreno-Durán, casi con la misma intensa emoción se refirió el editor Miguel Riera, cuando me confidenció de la gran admiración que le causó el escuchar por primera vez a un joven recién desembarcado de Colombia quien le habló sobre el panorama de la literatura latinoamericana con una erudición insólita para alguien de su edad. Recordó que al poco tiempo se publicaría en los Cuadernos Ínfimos de Tusquets Editor su soberbio ensayo De la Barbarie a la Imaginación , reeditado varias veces, la más reciente en 2002, en la prestigiosa serie Tierra Firme del Fondo de Cultura Económica de México.

No olvido tampoco las numerosas muestras de cariño que recibió R.H. en Guadalajara, en el frío noviembre del 2001, cuando como oferente del Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo leyó esa hermosa joya literaria y de gran independencia conceptual que fue el discurso central del homenaje al premiado en esa ocasión, su entrañable amigo Juan García Ponce. Creo que hasta el propio García Ponce, desde su silla de ruedas, comprendió que el público concedía un premio especial a su colega con los largos minutos de aplausos, pues poco después el autor de Crónica de una intervención hizo saber que para él el verdadero premio fueron las palabras del escritor colombiano y no la elevada suma económica que le otorgaba el evento.

Menos de dos años después, en enero del 2003, ni hablar de la alegría que le noté a Hernán Lara Zavala, el adelantado, como le gustaba llamarlo Moreno-Durán, cuando cumpliendo la sagrada misión que me encomendó el autor de Fémina Suite le entregué en sus manos los originales del ensayo Mujeres de Babel , ya clásico entre los amantes del mundo joyciano, y que salió publicado en el 2004, por la exigente dirección de publicaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México y la editorial Taurus, como un homenaje al centenario de la fecha en la que transcurre el Ulises de Joyce; y que el mismo Moreno-Durán, al que se le notaban ya los estragos de la enfermedad, presentó en la pasada edición de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

Un breve adiós a nuestro querido R.H., pues lo volveremos a encontrar en la relectura de sus páginas y en las obras que para nuestro consuelo nos dejó póstumas, como una muestra más de su inmensa generosidad. Queda la obligación de promover con mayor ímpetu la obra de este inmenso autor latinoamericano para comprender el valor infinito de su palabra múltiple. Cuentan las buenas lenguas que está ya rondando un duende juguetón que perturba a las féminas que repasan sus lecturas en lo que queda del añorado Jardín de Freud en la Universidad Nacional en Bogotá. Seguro que ya sabemos de quién se trata.

(1) Candidato a Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México y profesor en University College Stord-Haugesund en Noruega.