Los intereses en los premios literarios
La vieja sospecha de que los grandes premios literarios son todo menos manantiales de aguas claras se hizo evidente con la acusación que en octubre pasado hizo el escritor español Juan Marsé, jurado del premio Planeta de novela. En explosivas declaraciones Marsé resaltó la baja calidad de las obras concursantes y a su vez las presiones que debió soportar de la editorial para votar por algún autor que pudiera convertirse en “best seller” así este escribiera mal o vaciedades. Eduardo Mendoza, quién escribió un artículo en “El Mundo” de Barcelona al respecto, sintetizó muy bien el difícil panorama que les espera a los concursos si prosiguen en similar tónica: “De manera que el panorama no es bueno para el Planeta, pero sobre todo no es bueno en general, porque una literatura es un lenguaje en el que participa toda la comunidad, incluidos los que no leen, y en este lenguaje ha de haber de todo: piezas profundas, superficiales, aburridas y divertidas. Hasta desaciertos. Pero no un vacío abisal. Y si lo hay, tenemos un problema, no una anécdota”.