Boletín de la Red Latinoamericana de Librerías No. 11 ir a Boletín CERLALC    

 
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UN AUTOR

Se fue Guillermo Cabrera Infante

Con Guillermo Cabrera Infante se aprende que ser lector es aliarse con alguien que escribe. Aliarse para las pillerías, gozos, dudas y peleas. Quien haya sentido alguna vez interés, preocupación o placer reflexionando sobre temas como la cultura popular, la televisión, el cine, la música y la política cubana, los problemas de la traducción, las inmensas posibilidad de juego de la lengua española, las mujeres y su eros, tendrá que encontrarse conversando con G Caín, que así paradójicamente se autobautizó Cabrera Infante.

Con este gran escritor cubano (1930-2005) exiliado en Londres desde 1963 cuando se agudizó su disgusto con el régimen comunista imperante en su país, muere una vertiente poderosa y claramente diferenciada de la literatura latinoamericana. Mezcla de realismo crítico, parodia con el lenguaje y la historia, y con un fuerte influjo de la cultura de masas, Cabrera Infante no podrá fácilmente ser enviado al cajón de los trastes y de las enciclopedias mohosas. Juan Goytosolo ha señalado que Cabrera Infante prosiguió y llevó hasta el límite en lengua castellana la reflexión sobre la novela que había inaugurado Cervantes en El Quijote. Vargas Llosa se ha despedido de su vecino en Londres diciendo: “Queda su obra, por supuesto, que está allí para durar, y seguir ganando lectores y divertir, hechizar, y también enojar, a mucha gente”.

Según recuerda el periodista español Andrés Rojo, Guillermo Cabrera Infante en una entrevista dijo que quería alinearse en la tumba junto a Eça de Queiros, que había dicho que "él era de esos que pasan por la vida con una carcajada de tránsito". Su risa ahora ha callado. Sigue intacta en su literatura.

La mejor introducción a la obra de Cabrera Infante es una antología, Infantería, publicada por el Fondo de Cultura Económica (1999) y que incluye fragmentos de todos sus libros desde Así en la paz como en la guerra (1960) pasando por Un oficio del siglo XX (1963), Tres tristes tigres (1967), hasta La Habana para un infante difunto (1979) y Mea Cuba (1992).

Posteriormente publicaría Puro humo (2002, edición en español) y Cine o sardina (2002), que se encuentran publicados al igual que el resto de su obra por Editorial Alfaguara de España.

De Exorcismos de esti(l)o (1976) rescatamos esta magnífico juego verbal sobre el quehacer del escritor literario:

La aliteratura

Literatura es littérature en francés, y litter es basura, desperdicio en inglés, mientras rature, de nuevo en francés, es tachadura, y lit es lecho, esa cama donde me acuesto a hacer literatura: solamente en español la literatura no significa otra cosa.