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El descenso del hábito de lectura en Brasil

Que en Brasil, los niños y adolescentes no son muy amigos de la lectura, eso ya lo sabíamos. Conocíamos además las causas, o por lo menos las más evidentes: falta de incentivo por parte de los padres, ellos mismos con bajos índices de lectura; falta de bibliotecas en la mayoría de las escuelas públicas, dificultando el acceso a los libros; ausencia de estímulo por parte de las escuelas para que los alumnos realicen visitas a las librerías, y otras más que veremos en su momento.

La confirmación de esa triste realidad adquiere mayor importancia a raíz de la investigación efectuada por el Instituto Ipsos, en diez países, entre ellos, los Estados Unidos, Reino Unido y China, además de Brasil. En esta oportunidad, se entrevistaron 5.500 padres y personas responsables de niños y adolescentes. La pregunta fue simple y directa: ¿Qué hacen sus hijos diariamente?

La conclusión que nos da al respecto es que los niños y adolescentes brasileños leen muy poco. La razón es que estos dedican la mayor parte de su tiempo libre a ver programas de televisión, en su mayoría poco educativos, cuando no totalmente alienantes, pues su calidad, como se comprueba con facilidad, deja poco que desear. Para empeorar la situación, los niños no disponen en las grandes ciudades de espacios públicos para jugar o practicar algún tipo de deporte, y el uso del computador es limitado. El resultado: se vuelven esclavos de la propaganda masificada y consumistas voraces.

En Brasil, se entrevistaron 500 personas; de estas, 57% afirmaron que sus hijos veían televisión 3 horas al día; 31% de una a dos horas; 5% que no veían televisión. En cuanto a los libros, 43% respondieron que sus hijos no perdían el tiempo leyendo libros, 78% no practican ningún deporte, 69% no usan computador. Estos datos muestran, en toda su crudeza, un cuadro real de incultura que necesita con urgencia ser modificado.

De otra parte, los que aprenden a leer en la escuela, si no practican habitualmente la lectura terminan olvidando mucho de lo aprendido y, lo que es peor, no cumplen las condiciones que exige el mundo globalizado y cada vez son más dependientes de las altas tecnologías. Las escuelas mal preparadas, con métodos antiguos y niveles de enseñanza obsoletos, acaban lanzando cada año al mercado, grupos de adolescentes predestinados al desempleo y a los peligros que acarrea la ociosidad forzada.

Así pues, lo más urgente es combatir esa situación degradante. No con sofisticados programas de trabajo regidos por voluminosas cláusulas gubernamentales, que no se ejecutan, sino con prácticas directas y objetivas. Distribuir libros para efectos estadísticos es fácil; lo difícil es hacer que estos sean leídos y comprendidos. Señalar la necesidad de expandir el hábito de lectura ya se ha hecho hasta el exceso, pero lo que no se procura es facilitar el acceso de niños y adolescentes al libro a través de programas simples, prácticos y atractivos.

Que en Brasil se lea más, y de este modo mejoren las estadísticas de producción y venta de libros, es lo que todos queremos. Vamos entonces a remangarnos las mangas -editores, libreros, distribuidores, profesores- cada cual en su área, para que libros y lectores se hermanen y consoliden una amistad duradera y feliz. Hay un potencial de millones de lectores (que pueden transformarse en lectores permanentes) esperando que los editores los descubran. Las librerías pueden ofrecerles espacios de convivencia varias veces al mes, acogiendo estudiantes de primeros y últimos grados. Los profesores pueden contarles historias leídas y vividas, fragmentos de biografías de los autores, mostrando la importancia del libro como plataforma (motor) del progreso personal y colectivo. En pocas palabras, valorizándolo a los ojos de los alumnos y despertando así su interés.

Hay mucho por hacer, y todos podemos hacer un poco. Manos a la obra.

Tomado de Asociación Nacional de Libreros de Brasil (ANL), No. de enero de 2005