Sobrarían
razones para justificar el desarrollo de un proyecto para el fortalecimiento
de las prácticas de escritura en la escuela. Algunas de
ellas se refieren a la realidad de la escuela, otras, al valor
de la escritura para el desarrollo individual y social de las
personas. Veamos algunas de manera breve:
Una de las principales responsabilidades
de la escuela es la de garantizar el acceso a la cultura en sus
diferentes manifestaciones, para lo cual debe propiciar la vinculación
de los estudiantes a prácticas de lectura y escritura con
valor comunicativo, estético y cultural. Si bien son innegables
los aportes que diversas disciplinas han venido ejerciendo respecto
a las concepciones de lectura y escritura, debemos reconocer que
su impacto en la escuela no ha sido tan contundente como quisiéramos.
Los enfoques y teorías que nos han permitido empezar a
entender de otra manera estos procesos no sólo deben llegar
a los maestros, sino ser sometidos a un proceso de reelaboración
y adaptación por parte de éstos. Y aunque es alentadora
la evidencia de un auténtico movimiento a favor de una
nueva didáctica de la lengua escrita, sabemos que el desafío
implica un cambio profundo y que llevarlo a la práctica
no es tarea fácil para la escuela.
En el marco de políticas regionales y nacionales para la
mejora de la calidad de la educación, se han venido realizando
diversos estudios cuyos resultados señalan que un número
importante de nuestros estudiantes tienen dificultades para hacer
inferencias, establecer relaciones con otros textos o asumir una
posición crítica frente a lo que leen
(1).
Respecto a la escritura, también encontramos evidencias
sobre la dificultad de los estudiantes para producir textos completos,
coherentes y adecuados a una situación comunicativa (2).
Valorar y fortalecer la escritura en la
escuela como una manera de desarrollar el pensamiento, apoyar
el logro de las competencias de aprendizaje y evitar el fracaso
escolar, continúa siendo una tarea inaplazable. Desde el
punto de vista cognitivo, la escritura, además de ser el
medio para (la interacción, la comunicación…),
es una actividad del pensamiento. Escribir es organizar los pensamientos
propios a través de un código. De este modo, el
acceso a las formas de la escritura tiene su correlato en el acceso
a las formas del pensamiento. Ya Vygotsky lo había señalado
hace un siglo: las estructuras del lenguaje son las estructuras
del pensamiento, un niño que tiene acceso a la escritura
(entendida como la producción del sentido) desde edad temprana,
tiene muchas más posibilidades de desarrollo cognitivo
que aquellos que están sometidos a las rutinas de la copia
y las diferentes formas de la trascripción. De este modo,
es necesario hacer un llamado a la escuela de educación
básica para que haga de la escritura no sólo un
instrumento efectivo de la comunicación para efectos funcionales,
sino también para que la retome como un objeto de reflexión
permanente.
El desarrollo de la competencia escritural en los estudiantes
también se convierte en una necesidad para enfrentar el
problema del fracaso y la deserción escolar. Lo anterior,
debido a que la escuela formal distribuye los saberes, fundamentalmente,
a través del código escrito, centra sus peticiones
en la producción del discurso escrito, y convierte su dominio
en un requisito para la promoción en los diferentes niveles
del sistema.
Otra de las razones que justifican abordar la problemática
de la escritura en la escuela, está en el hecho de que
el dominio de la escritura favorece la construcción de
herramientas para desentrañar las formas como circula la
información, en la medida en que quien escribe comprende
la lógica de producción y organización de
la información. De este modo, la conquista de la escritura
tiene implicaciones para el acceso al mundo de la información,
y contribuye a la construcción del sentido analítico
y crítico frente a la misma.
Finalmente, es fundamental agregar que el
ejercicio de la ciudadanía exige trascender ampliamente
la alfabetización en sentido estricto para formar lectores
y escritores capaces de interpretar la realidad en que viven,
posicionarse y participar en ella para construirla y transformarla.
Si entendemos que el lenguaje permite al ser humano construirse
y actuar sobre sí mismo, sobre los demás y sobre
el mundo en general, y si entendemos el valor de ser capaces de
poner la propia palabra por escrito, vislumbraremos con mayor
claridad el papel de la escuela como espacio privilegiado para
promover el acceso al mundo letrado, y, por ende, para la formación
de sujetos capaces de ejercer su ciudadanía.
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(1) Puede
consultarse el Primer Estudio Internacional Comparativo sobre
Lenguaje, Matemática y Factores Asociados, Laboratorio
Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación
(LLECE), UNESCO, Santiago, Chile, abril 2000. Otros estudios son:
El Programa Internacional de Evaluación de Estándares
– PISA – y el Estudio Internacional sobre el Progreso
en Lectura – PIRLS - . Puede descargar los documentos completos
desde las siguientes direcciones: http://www.pisa.oecd.org/
y http://pirls.bc.edu
(2)
Puede consultar, por ejemplo, los
resultados obtenidos en las Pruebas SABER, año 2002, realizadas
por el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación
Superior, ICFES. http://www.icfes.gov.co/cont4/saber/docs/lenguaje.pdf
Ver también el documento Resultados Evaluación de
Competencias Básicas en Lenguaje y Matemática, octubre
2000. Secretaría de Educación. Alcaldía Mayor
de Bogotá D.C.